
Una fila desordenada cuesta más de lo que parece. La gente discute quién
llegó primero, el que atiende pierde tiempo administrando el reclamo en vez
de trabajar, y nadie sabe si se está esperando cinco minutos o cuarenta.
Un sistema de turnos no acelera la atención por arte de magia.
Lo que hace es ordenar la espera y, sobre todo, medirla.
Es la parte que suele sorprender. Al final del mes dejás de discutir por impresiones y pasás a tener números:
Con eso se toman decisiones concretas: dónde hace falta otra persona, en qué franja horaria, y qué trámite conviene resolver de otra forma. Sin el dato, eso se decide a ojo.
Una pantalla en la sala de espera —sirve un televisor—, un equipo en cada puesto de atención y, si querés, una terminal para sacar número. Nos ocupamos de la instalación y de dejar al equipo sabiendo usarlo.
Si la respuesta es "no sé", ahí está el primer problema. Contanos cómo es tu atención y te decimos qué haría falta para ordenarla.